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Después del tsunami, terremoto en el sistema político mexicano.

En la actualidad, en México, pertenecer a la clase política del viejo sistema, se ha convertido en una pesadilla, nadie se imaginó el declive tan escandaloso al que han llegado los «poderosos» del país.

Desde el tsunami electoral de 2018, muchos de los actores políticos más representativos, no por su prestigio como políticos, sino por su popularidad ascendente por estar involucrados en casos de corrupción, lavado de dinero, sobornos, crimen organizado, paraísos fiscales y en algunos casos hasta en pederastia, siempre han intentado minimizar todas y cada una de las acciones y aciertos que da el gobierno federal.

Desde los primeros resultados, en referencia a las aprehensiones de algunos «poderosos», como Rosario Robles o el hamponazo Juan Collado, nos dimos cuenta de que un sector de ciudadanos con debilidad mental, no están preparados para ver caer a sus falsos ídolos, rápidamente se desbordaron los medios de comunicación que formaban parte del selecto grupo de corruptos, o aún están afiliados, tergiversando, minimizando, y defendiendo con argumentos corrientes y al vapor, a éstas bellezas de la política.

Solo faltó que uno de esos indigentes de la información citara a Enrique Peña Nieto y escribiera en una de sus columnas enriquecidas de coprofilia, que «la corrupción en México es cultural».

Casos como el de Genaro García Luna, han puesto al descubierto las complicidades del sistema político para delinquir, en todos los niveles, autoridades y crimen organizado salvando a México, cada quien lo hacía con su cártel delictivo de sus confianzas.

Inmediatamente los especuladores vomitaron todo su repertorio de campaña, incluso los ex presidentes se volcaron a hacer llamados a la población para detener al régimen comunista de López Obrador.

Televisoras, revistas, periódicos, pasquínes, comunicadores en decadencia, en una perfecta sincronía, trataron de minimizar las acusaciones del súper policía García Luna, su argumento favorito en cualquier caso en el que salen a relucir los nombres de los políticos corruptos, es «quién le cree a un delincuente como ese», ni negándolo categóricamente se sale bien librado de un señalamiento como ese.

Incluso existen elementos para inculpar a esos feroces comunicadores que vivían en amasiato con los gobiernos anteriores, o son muy cínicos o su coeficiente intelectual es muy pequeño como para no darse cuenta de la magnitud del problema en el que están metidos.

Citando el estilo antipático de narrativa que cuenta la mente criminal de «Operación Berlín», el paria literario, Enrique Krauze, diría que con el tsunami electoral de 2018, López Obrador quedó al descubierto en el planeta de los simios, que se dedicaban al saqueo y se creían inteligentes y tecnológicamente avanzados, hasta que conocieron al humano y no supieron que hacer ante su presencia.

El caso que los tiene a un paso de convertirse en prófugos es el de Lozoya, desde años atrás se leía en la prensa carente de veracidad, que jamás le harían nada, que Peña Nieto ya pactó con López Obrador, entre otras de sus aportaciones de ciencia ficción.

Hubo quienes en un acto de succión erótica, llegaron a postear en su cuenta de Twitter que el caso Lozoya no tenía importancia mientras estemos enmedio de una pandemia, en un claro ejemplo de desesperación por defender la mano que le da de comer y le soba el lomo por seguir siendo buena bestia.

Todos los días hay entrevistas en las que no falta algún huérfano de la política opinando al respecto, por ejemplo en días pasados, Julio Astillero, entrevistó al pepenador Javier Lozano Alarcón, mejor conocido como «saco de pus», cortesía del periodista Álvaro Delgado, minimizando el caso Lozoya y argumentando que no había por qué sobornar a nadie para votar a favor de la reforma energética, insinuando que es mentira que se les entregó dinero precisamente para aprobar dicha reforma, entre líneas se lee «no es necesario que nos sobornen cuando todos sabemos que somos corruptos».

Otro salamero que salió a pasear el hamster que tiene como cerebro, el insignificante de Jorge Triana, aseguró que a Lozoya Austin, lo tienen detenido únicamente por la compra de una propiedad en Ixtapa, esa es la consigna de los subordinados, crear confusión, lo han logrado hacer, únicamente entre sus seguidores frustrados.

La realidad es que tanto políticos como periodistas sin pedigrí, están involucrados en el caso Lozoya y Pemex, por ello tienen que salir a defenderse de los ataques del gobierno comunista y soviético de López Obrador.

Después de cuarenta años de estar mamando teta, debe de ser muy difícil aprender a comer sólido, pensaron que sería eterna la corrupción por eso ansían seguir del lado podrido de la historia.

Pues bien para que todos lo sepan, el caso Lozoya no es un tema local, sin importancia, estamos hablando de una investigación y una denuncia a nivel internacional, que viene directo del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, existen diez países latinoamericanos involucrados incluso con ex presidentes encarcelados, uno ya hasta se suicidó, Odebrecht no es un caso menor.

México es el único país sobornado por la constructora brasileña, que no ha castigado a ninguno de sus cómplices, por eso toma mayor relevancia.

La parte interesante del caso es cuando empezaron a circular los nombres de ex presidentes, en donde resulta el más salpicado, Felipe Calderón.

De realizarse la consulta para enjuiciar a los ex presidentes, sería la primera y única ocasión en que Felipe Calderón ganara legítimamente sin tener que organizar un fraude.

Independientemente de los nombres o datos que aporta la denuncia de Lozoya, que fue filtrada a los medios de comunicación, no hay que perder de vista que se trata de un caso con grandes alcances a nivel internacional, ese es el lado importante, no que nos digan que los corruptos son los mismos que ya sabíamos que eran corruptos.

Odebrecht empezó los sobornos a México en el sexenio de Felipe Calderón, por eso el oscuro, tuvo que sobornar a Enrique Peña Nieto, hasta le compró un avión como símbolo de su amasiato corrupto, no solo lo implicó en este caso, también con el otorgamiento de contratos millonarios por adjudicación directa para familiares y amigos españoles de Juan Camilo Mouriño, post mortem.

Estoy totalmente de acuerdo en que sea muy cuestionado el gobierno de López Obrador, puesto que su bandera siempre ha sido acabar con la corrupción, sinceramente lo veo difícil teniendo en cuenta que tenemos cuarenta años con los mismos políticos petardo sentados en algún cargo público.

Pero que se cuestione con la verdad no implica ningún problema, el problema viene cuando el que critica es un montañero que tiene hasta los tobillos llenos de estiércol, pero volteado de ¡cabeza!.

La próxima vez que escuchen que el caso Lozoya es una persecución política, pónganse a leer los tuits de Donald Trump, quizás sea cierto.

Por el momento resulta muy cómico que los cacos salgan a defender a los corruptos llamándole delincuente a Emilio Lozoya Austin, cuando evidentemente todos lo son, incluso los comunicadores en decadencia.

El caso Lozoya-Odebrecht, es un verdadero terremoto de consecuencias catastróficas para el sistema político mexicano y sus rémoras, muchos de ellos ya están temblando y aún no se les ha agitado el piso, se lee en cada uno de sus tuits.

Ojalá los pudieran etiquetar a todos como los productos alimenticios, así sabríamos quienes son 100% corrupto, libre de impuestos y gluten.

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