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Los enjuiciables, primer entrega, Carlos Salinas de Gortari.

Mucho se ha hablado ya sobre el tecnócrata, hijo NO favorito de don Raúl Salinas Lozano, economista y servidor público, que fue Secretario de Industria y Comercio, en el sexenio presidencial de Adolfo López Mateos (1958 – 1964).

De su niñez se recuerda la anécdota del asesinato de su sirvienta de 12 años de edad, mientras jugaban Carlitos y Raulito Salinas a la guerra, Manuela era el nombre de la desafortunada indígena que murió a causa de una bala calibre 22, que entró por el pómulo izquierdo y se alojó en su cabeza.

Cuando le preguntaron al menor, Carlos, qué había pasado, respondió «yo la maté de un balazo, soy un héroe», tal vez nunca pudo borrar esa escena de su cabeza y se sentía héroe cada vez que ocurría un asesinato a balazos en su sexenio, era el sello de la casa.

Siguiendo los pasos de su padre, tal vez para ser aceptado por su progenitor, Carlos, estudió economía en la UNAM, después migró a Harvard en donde obtuvo múltiples maestrías, una en Administración Pública, otra en Economía Política, un Doctorado en Economía Política y Gobierno, impartió Finanzas Públicas y Política Fiscal en el fabuloso ITAM, también fue deportista consagrado en equitación, ganó una medalla de plata en los juegos panamericanos de 1971 celebrados en Cali, Colombia.

En 1969, con 21 años de edad obtuvo su tan esperada membresía en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), ¡qué erótico!.

El 4 de octubre de 1987, Carlos Salinas cesó como Secretario de Programación y Presupuesto al ser «dedeado» por Miguel de la Madrid, es decir, seleccionado para ser el candidato inapelable del oficialismo, por la vía del dedazo, para contender por la presidencia de la república en julio de 1988.

Entre otras de las personalidades que sonaban fuerte para candidatearse, estaban Alfredo del Mazo González, Manuel Bartlett Díaz y Ramón Aguirre Velásquez, al final el CEN del PRI y el dedo de Miguel de la Madrid, señalaron a Carlos Salinas de Gortari.

Tal parece que desde su destape fue mal augurio, por esos días se produjo el hundimiento de la bolsa mexicana y con ello, el inicio de una espiral inflacionaria, en resumen el año terminó con un desastroso 160 por ciento de inflación.

Esto provocó el descontento en la opinión pública y en las perspectivas electorales del PRI, al paso salió un contrincante con mucho arrastre y gran peso político, nada menos que Cuahutémoc Cárdenas Solórzano, el hijo del tata, quien contendia por el partido Frente Democrático Nacional (FDN).

El otro contrincante era el carismático empresario y político sinaloense Manuel Jesús Clouthier del Rincón, quién había formado hasta entonces la única fuerza opositora verdadera capaz de hacerle frente al partido gobernante, en otras palabras, el Partido Acción Nacional estaba más sólido que nunca.

Ante este panorama se decía que sería la primera ocasión en la que el revolucionario institucional, competiría en una verdadera jornada electoral en toda su historia.

El día de los comicios se respiraba un aire de júbilo, los primeros resultados parciales le favorecían a Cuahutémoc Cárdenas, cuando se produjo una increíble falla en el sistema eléctrico de computación del voto.

La famosa caída del sistema ensombreció la elección y se consumó el fraude de 1988, de nada sirvieron las multitudinarias manifestaciones de protesta por parte de los que seguían siendo oposición, al final el PRI conservó la mayoría absoluta en las cámaras.

El 01 de diciembre de 1988, Carlos Salinas de Gortari, tomó protesta como Presidente de la República Mexicana, teniendo 40 años de edad, se convirtió en el presidente más joven desde Lázaro Cárdenas.

Con ello empezó también el declive nacional, al anunciar su paquete de reformas económicas, los comunicadores de siempre, destacaron que por primera vez desde que se fundó el PRI, triunfan la tecnocracia y el economismo sobre la ideología política, los 10 presidentes anteriores eran abogados de formación, y en esta ocasión se trataba de un economista, no sé si por partida de madre.

Según Carlos Salinas de Gortari, sus transformaciones estructurales serían para modernizar a México durante el próximo siglo, por ello aceleró las privatizaciones que afectaron todas las grandes empresas del estado.

Es así como fueron entregadas al capital privado:
– La controvertida Telmex, que fue adjudicada en subasta pública a un consorcio encabezado por Carlos Slim Helú.
– Las comunicaciones viales, aerolíneas, el sector químico y siderúrgico a Altos Hornos de México.
– Los seguros, cadenas hoteleras, medios de radio difusión a Imevisión que después se convirtió en TV Azteca.
– Y finalmente la banca, la histórica reforma al sistema bancario emprendida por José López Portillo.

Al final del sexenio las únicas empresas no privatizadas eran la CFE y Pemex, aunque está última ya presentaba una estructura divisional, refinación, gas y petroquímica básica, abriéndose a la inversión privada extranjera según el esquema de franquicias.

Fue entonces que ocurrió la firma del famoso TLCAN, con George Bush y Brian Mulroney que, que no era más que formalizar el «intercambio comercial» que ya de facto Estados Unidos concentraba el 73 por ciento de todas las riquezas de México hacia el exterior.

Con una economía a ras de suelo emprendió lo que sería el sello de su sexenio, el programa solidaridad, con ello también se desplomó el poder adquisitivo de la clase media y baja del país.

Reestructuró las leyes electorales, creó el IFE y el TRIFE, que a la postre no han servido para organizar una jornada electoral decente, a lo mucho se les recordará por no haber autorizado el registro para partido político al enfermo mental de Felipe Calderón, el ex presidente con nula aceptación de la población, pero esa es otra triste historia.

En este sexenio se consumó lo que se conoce actualmente como el PRIAN, cuando el amigo panista de Salinas de Gortari, ganó, por decirlo de una manera aceptable, los comicios electorales para la gubernatura de BC norte, en manos de Ernesto Ruffo Appel, quien obtuvo la menor cantidad de votos de las últimas cinco elecciones.

Asesinatos y decadencia en picada del sexenio.

Cuando Carlos Salinas de Gortari ya imaginaba terminar su sexenio en excelentes términos de aceptación, empezaron a ocurrir acontecimientos desastrosos que poco a poco fueron destruyendo la imagen del mandatario.

Fue en 1992 cuando empezó el terror en el sexenio del apatrida Carlos Salinas, la zona centro de la ciudad de Guadalajara voló por los aires en una mega explosión de magnitudes importantes, en donde murieron cientos de personas, otras más resultaron heridas, mutiladas o imposibilitada de por vida, casi todos perdieron su patrimonio, en ese entonces el gobernador también era priísta y su apatía ocasionó una de las peores tragedias de la ciudad de Guadalajara.

De entre las versiones oficiales se dice que las causas fueron por la acumulación de gasolina en el sistema del alcantarillado, por una fuga, otra, que a mí juicio es la más acertada, hubo una auditoría en Pemex, por ese entonces ya empezaba el robo de combustible a través de las mismas pipas de la paraestatal, y en su desesperación los responsables decidieron derramar el combustible a la red de alcantarillado, por aquellas épocas había una planta de Pemex a escasos kilómetros de la zona de las explosiones.

Cualquiera que sea la versión oficial el hecho es que la sociedad tapatía no perdonó al gobierno en turno por esta acción y en el siguiente periodo electoral votaron a favor del Partido Acción Nacional.

Para rematar la imagen ya deteriorada del Revolucionario Institucional, en 1993 otra desgracia sacudía a la sociedad tapatía, con el asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, muy querido en la ciudad de guadalajara, la versión oficial, que nunca nadie ha creído y hasta la fecha es un caso sin resolver, fue que mientras se enfrentaban a balazos, el chapo Guzmán y los Arellano Félix, se atravesó el Cardenal, esto en el aeropuerto internacional de la ciudad de guadalajara, por cierto Ramón Arellano escapó a través de un vuelo comercial ya que ostentaba una charola de la policía de la ciudad de Tijuana, entidad en donde residía la familia, pero no vayan a pensar mal del amigo panista de Salinas de Gortari que era el gobernador de BC, Ruffo Appel.

Entre los tapatíos se comenta que el mismo gobierno ultimó al Cardenal ya que era un férreo critico del gobierno local y federal, se dice que sabía demasiado.

Para el 01 de diciembre de 1994 entró en vigor el TLCAN y también el EZLN, dirigido por el parásito y montañero «subcomandante Marcos», que a la postre se le conoce como el «comediante Galeano» ya que no sirvió para nada.

Mientras la selva Lacandona aún olía a pólvora y sangre, otro acontecimiento estaba por sacudir a la opinión pública nacional pero sobre todo al sistema político en todas sus presentaciones.

El 23 de marzo de 1994 fue asesinado el que era el candidato presidencial del Revolucionario Institucional, aquel que la gente estaba convencida que cambiaría el rumbo del país, Luis Donaldo Colosio, en un mitin en la ciudad de Tijuana, BC; dio lugar al atentado en la colonia Lomas Taurinas, fue entonces que el mundo conoció a los Mario’s Aburto’s, uno de los tres aún sigue en prisión por este delito.

Rápidamente fue suplido por Ernesto Zedillo Ponce de León, panista de clóset, pero bien tecnócrata, quien asumió como suyas las promesas de campaña del que había sido su jefe y al que le servía como coordinador de campaña.

Para ese entonces Carlos Salinas de Gortari ya pedía que se acabara su sexenio, por lo menos había tenido un proceso electoral impecable tomó un poco de aire, cómo era de esperarse y tomando como estandarte la tragedia, el candidato tricolor se llevó el triunfo.

Cuandoya todo parecía regresar a la normalidad, nuevamente se hizo presente el sello de la casa, el 28 de septiembre de 1994 fue asesinado al salir de su oficina el Secretario General del PRI, José Francisco Ruíz Massieu, su ex cuñado, convenientemente adjudicaron el ataque a que su hermano Mario Ruiz Massieu, era Sub-Procurador General de la República y estaba a cargo de la lucha contra el narcotráfico.

Con los muertos encima, el 01 de diciembre de 1994, por fin, Carlos Salinas de Gortari entregó la banda presidencial a Ernesto Zedillo, sin saber los mexicanos lo que nos esperaba días después, recuerdo una amarga navidad.

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