Breaking News GDL

Calmécac XXI: del rayo convertidor al fogón del conocimiento.

Lejos quedaron esos días en que sobrevivir a Mictlantecuhtli (patrón del día «perro») era una hazaña habitual entre los guerreros de la «Plaza del Jaguar» pues ahora en el Calmécac XXI se vive una crisis sin precedentes: un cisma de principios y valores.

Hasta no hace mucho solía verse por los pasillos de este Calmécac a los Chiquitzin Blastícitl (jóvenes guerreros en formación) haciendo honor a tan noble Institución, días de gloria en los que el conocimiento desbordante reinaba por encima de todo.

Para los Chiquitzin Blastícitl era muy importante que sus Tlahtimines Ipalnemohuani (sabios gobernantes) fueran aptos para los cargos que desempeñaban, tuvieran la capacidad de tomar buenas decisiones y demostraran fuertes convicciones morales. En Calmécac XXI se les enseñaba todo esto, y los alumnos eran sometidos a diversas pruebas, sobre todo en las guardias, para demostrar sus destrezas y habilidades. A los que fracasaban, se les marcaba y rechazaba socialmente; pues era una afrenta no enaltecer el nombre de la escuela con estudio, trabajo y disciplina. A estos plebeyos fracasados se les nombraba Macehualtin y se les reubicaba en un Telpochcalli de segundo nivel.

Desde su llegada al Calmécac, a los Chiquitzin Blastícitl se les levantaba en la madrugada para participar en la ceremonia del «fogón del conocimiento». Hacían revisiones científicas y autosacrificio pedagógico, usando espinas de metanálisis y de ensayos clínicos; ayunaban frecuentemente y practicaban la abstinencia mediática. Además usaban elegantes ropas blancas para desarrollar el control de sus cuerpos contra el calor y el frío. Trabajaban arduamente durante el día, y pasaban en vela muchas noches en rituales de purificación académica. Si se quedaban dormidos o cometían una falta, se les castigaba de forma dura enviándoles a las minas de cal sodada, a los vertederos de tubos y circuitos, así como a las interminables bases de datos. Todo esto servía para forjar un carácter fuerte y resistente, digno de un noble y para probar a los que no pudieran desempeñarse de manera honorable en su vida de adultos.

No olvidemos que por aquellos años se prescindió de los mentados servicios integrales de la discordia. Ominosos servicios surgidos de una relativa escasez de recursos humanos y materiales que a la postre lograrían encarnarse a través de un oscuro esquema de licitaciones de corte plutocrático e impulsado de común acuerdo por las autoridades sanitarias y los gobiernos neoliberales en turno, para así operar el más grande desfalco institucional en la historia de la Gran Tenochtitlán. De esta manera se buscaba anclar una necesidad creada a un discrecional presupuesto para desviar la atención de lo que eran las verdaderas necesidades y problemáticas del momento. Premeditación y alevosía proditoria marcan a toda una generación de innombrables. Toda una apología a la corrupción, el modus operandi de estos servicios «integrales» que dejaron en estupor a Calmécac XXI.

El ritual del «rayo convertidor» era una de las celebraciones más importantes dentro de Calmécac XXI. Se festeja anualmente a partir del 28 de febrero (29 de febrero -en año bisiesto-) y hasta la mañana del 01 de marzo. Solía ser una ceremonia solemne en la que se invocaba el poder catalítico de las deidades prehispánicas para la adquisición de nuevos conocimientos, destrezas y habilidades por parte de los Chiquitzin Blastícitl.

En el viejo organigrama existieron personajes distinguidos que desempeñaban funciones diferentes dentro del Calmécac, así por ejemplo, destacaron: el Huey Tlatoani de Nueva Rosita (también descrito por algunos códices como el Huitzilopochtli Titular), la Toci de las Bases, el Jaramiztli del Pedregal, el Temachtiani de Balbuena, la Tonantzin de los Esofágicos, el Tlamatini de las Capelinas, la Coatlicue del Dolor, el Muxe del Taller, la Xochiquetzal de las Infusiones, el Tícitl del Trasplante, el Aluxe del Tonalli, el Negro Xipe Tótec, el Ometecuhtli Ojos de Jade, la Omecihuatl de los Esteroides, el Pinetla Tezcatlipoca, el Mictlantecuhtli Canitskuintli, el Tonatiuh de Tacubaya, la Kualzin Tlachichihua del Teyolía, el Tláloc de Coatepec, el Quetzalcóatl de Pachuca, el Huehuecóyotl de Salamanca, entre otros Pipiltin de Mázatl y Manceratl. Ellos adquirieron conocimiento y sabiduría, según lo documentan diversas fuentes bibliográficas. En este contexto, un personaje tenido en alta estima, fue el Tícitl, quien practicaba la ticiotl privada; a la vez, un curandero y adivino con experiencia en hierbas, piedras, árboles, raíces y alguno que otro gadget & widget. El Tícitl se apoyaba en elementos mágico – religiosos para el diagnóstico y tratamiento de ciertas enfermedades, en una práctica acorde a su cosmovisión. En este sentido, se puede decir que los Titicih (plural de Tícitl) establecieron una teoría médica, ya que utilizaban el método del «recibo de honorarios» para clasificar las enfermedades, los pacientes y los remedios.

Vale la pena subrayar que la ticiotl se integraba con dos prácticas fundamentales: por un lado, la ticiotl institucional, compleja práctica relacionada con un aprendizaje sistematizado y posiblemente asociado a estructuras científicas especializadas; ésta se aprendía en el Calmécac; y otra, más simple, la ticiotl privada; esta práctica se podía aprender en un puesto de socorro rural o en un Telpochcalli de segundo nivel.

Cabe destacar que el concepto «teoría científica con elementos mágicos», explica el conocimiento reflexivo que los Titicih establecieron con base en la observación y la taxonomía. Dicha teoría se asocia con predicciones, adivinación y conjuros en los procesos anestésico – quirúrgicos.

Historiadores y arqueólogos han desarrollado varias teorías que intentan explicar cuáles serían las causas de la desaparición de Calmécac XXI como escuela de referencia en su época. De acuerdo con investigaciones recientes, la desaparición de este Calmécac se debió a distintos factores, entre los que destacan: la desintegración de los Calpulli por parte de nuevos dirigentes corruptos, propiciada por los intereses económicos y políticos que generaba este Calmécac durante su época de mayor esplendor y apogeo; la mala administración de los recursos humanos y materiales por parte de macehuales venidos a más; la pérdida gradual de principios humanistas y valores éticos; así como por la gran peste que azotó por aquella época, pues recordemos que la Pandemia COVID-19 fue el evento que marcó el fin y el inicio de un Xiuhnelpilli a principios del año Chicueyi-tecpatl (8-pedernal), maldición que llevó a muchos Cuauhpipiltin y Ocelopipiltin, por un lado a Chichihuacuauhco, y por otro a Mictlán.

Deja una respuesta