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Napoleón: a 200 años de su muerte, su legado sigue vigente.

«Todo en este mundo se olvida pronto», dijo Napoleón, «excepto la opinión que dejamos impresa en la historia».

Como uno de los mayores genios militares, Napoleón I Bonaparte tomó el control de Europa en poco más de una década mediante una serie de conquistas y alianzas estratégicas.

En 1823, dos años después de su muerte, la publicación de sus memorias conmovió a la sociedad francesa. Reinterpretó sus decisiones y volvió a pelear sus batallas para que todo el mundo las admirara. Anhelando las glorias y conmovido por su heroico martirio, Napoleón pudo conmover la opinión pública contra el restaurado rey Luis XVIII desde el más allá.

Durante su exilio en Santa Elena, Napoleón I dio instrucciones precisas a Napoleón II de volver a Francia para retomar el magno proyecto de su progenitor. Aunque lo había nombrado su sucesor al abdicar, no había ninguna esperanza real de que Napoleón II ganara legítimamente el trono. Cuadros de Napoleón II, quien había sido criado en la corte real de Austria, adornaban la pared de muchas casas de familias campesinas. Los sueños de que Napoleón II regresara a Francia se desvanecieron cuando este murió de tuberculosis a los veintiún años en 1832.

En 1848, los ideales encarnados en la Revolución Francesa y codificados en el Código Civil de Napoleón se difundieron una vez más por Europa. Estallaron revoluciones en Prusia, Austria, Alemania e Italia, así como en Francia, cuando los ciudadanos exigieron mayores derechos a sus gobernantes. El príncipe Luis Napoleón Bonaparte, hijo del hermano de Napoleón, Luis, y la hija de Josefina, Hortensia de Beauharnais, capitalizó el apellido de su familia para tomar el control del gobierno francés y proclamarse emperador bajo el nombre de Napoleón III. Reinó hasta 1870, cuando una costosa derrota de los prusianos lo obligó a abandonar el trono.

Además de sus proezas bélicas, Napoleón es considerado un «déspota ilustrado», pues no cabe duda que en su vasto y extraordinario legado hay una impronta de razón y humanismo que se materializa en varios campos de nuestra vida cotidiana: económico, político, social, cultural y militar. En el campo político-social-militar supuso la extensión de las formas revolucionarias, del liberalismo y la quiebra definitiva de las estructuras feudales. En el campo económico consolidó las reformas agrarias llevadas a cabo durante la Revolución francesa, propició la formación de un campesinado de clase media y sentó las bases de la industrialización. En el aspecto ideológico destacó el fomento al nacionalismo y a la educación laica por parte del Estado.

Hoy en día, muchas de las estructuras legales actuales de las naciones que desafiaron a Napoleón se basan en los conceptos de su Código Civil. Considerado su mayor legado, el Código Civil de Napoleón aseguró la difusión de los ideales de la Revolución francesa mucho después del final de su gobierno. Pero fue a través de la imagen que presentó de sí mismo que la gente de Europa encontró un símbolo de cambio revolucionario.

«No hay inmortalidad», dijo Napoleón, «sino el recuerdo que queda en la mente de los hombres».

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