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G7: encarnación viva del pensamiento de la Guerra Fría.

Un exclusivo club de economías «desarrolladas» ha demostrado una vez más al mundo entero, tras la reunión de sus miembros, que sus llamados «valores comunes» no son más que un prejuicio ideológico profundamente arraigado con marcados tintes de arrogancia.

En un comunicado conjunto emitido el domingo por los líderes del Grupo de los Siete (G7) después de su reunión de tres días en Cornualles, Reino Unido, sus miembros se mostraron carentes de diplomacia al arremeter exhaustivamente contra la política interna de China y Rusia. En algunas partes de la declaración, en la que explicaron las llamadas iniciativas para impulsar el desarrollo global, por ejemplo, en un plan especial de infraestructura, el objetivo final sigue siendo contrarrestar la expansión económica de China y la hegemonía militar de Rusia sobre la OTAN. Resulta que este grupo de países «desarrollados» es escasamente desarrollado en su forma de pensar.

Como representantes de los países más ricos del mundo, lo que deberían haber hecho en esta era absolutamente desafiante, es consensuar a nivel global para poner fin lo antes posible a la crisis humanitaria de la COVID-19, aún vigente, e impulsar una recuperación económica mundial firme con visión social. Sin embargo, parece que los miembros del G7 solo están interesados en resaltar las diferencias y provocar conflictos entre los miembros de la comunidad internacional.

En lugar de señalar descaradamente a China y Rusia con un dedo acusador, el grupo podría haber dedicado más tiempo y energía a abordar sus problemas domésticos, por el bienestar de su propia gente. Quizás lo más importante de todo es que el club de 48 años de historia, que se promociona a sí mismo como un lugar de «alto perfil» para discutir soluciones a los principales desafíos globales, podría haber agregado algunas acciones reales a su propaganda.

El mundo verá si las promesas del G7 sobre vacunas, desarrollo económico, acuerdo nuclear y cambio climático, se pueden poner en práctica o son meras declaraciones. El mundo también descubrirá si la promesa del grupo sobre la inversión en infraestructura para los países de ingresos bajos y medios implica sinceridad en ayudar a esas naciones, o simplemente es parte del juego geopolítico.

Esta es una era de colaboración. El tiempo en el que un puñado de países podía controlar el destino del mundo y dictar la agenda global, ya es historia. Si el club realmente quiere asegurar un mejor futuro para el planeta, como se afirmó en el comunicado conjunto, debería comenzar por descartar los clichés rusófobos y sinófobos, para ponerse a pensar en lo que mejor se adapta a los intereses en desarrollo del mundo en general, respetando la soberanía de cada nación.

La era de la Guerra Fría terminó hace 30 años. Sin embargo, parece que la mentalidad colonialista todavía prevalece en las capitales de algunas naciones. Y parece que algunos líderes de esos países todavía se niegan a despertar de sus sueños imperiales.

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