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La tiranía de la nosofobia .

Nosofobia
Fobia a la enfermedad, especialmente a la infecciosa.

Tenemos una cosa bien cierta: no importa lo que diga el gobierno federal, los caciques estatales harán – y han hecho – lo que les venga en gana. Así sea pedir deuda impagable para campañas de terror como la que todos los neoleoneses recordamos, que tenía panorámicos por toda la ciudad amenazando: “Si sales, matas; si sales, mueres” o para pagar contratos multimillonarios para comprar pruebas rápidas que el gobierno federal tenía meses diciendo que eran inútiles. O simplemente cerrar las vialidades para impedir el libre tránsito.

Los derechos humanos fueron pisoteados desde un principio y hubo un sector de la población que no sólo lo aceptó sino que se desenmascaró como fascista. De pronto, amigos de toda la vida a los que uno hubiera considerado relativamente progresistas del tipo “vive y deja morir”, se destaparon como vigilantes de la esterilidad. Era evidente que si el gobierno estatal tomaba medidas autoritarias sus pueblos adoptarían la misma postura en su microcosmos.

Y así fue como se llegó al ridículo de tener al mismo grupo de gente indignada en redes sociales por el asesinato de George Floyd, cuyas últimas palabras fueron “no puedo respirar”, defendiendo al mismo tiempo con uñas y dientes la imposición indiscriminada del cubrebocas en todo momento a gente de toda edad llegando al extremo de popularizar en redes la frase: “no digas que no puedes respirar, ¡Sí puedes!”.

Nuestra sociedad está tan dividida que antes de que hubiera un sólo muerto en el país ya era popular la guerra de memes de covidiotas vs. covidstéricos. La foto de perfil embozado, en lugar de ser un símbolo de solidaridad e higiene consciente, se convirtió en una mentada de madre para el grupo de “insensatos, irresponsables, buenos para nada, mantenidos, chairos que no se quieren poner el cubrebocas y que seguro son asintomáticos que ya fueron a su casa a contagiar a su abuelita y cómo se atreven a respirar si no tienen temor de dios, pues ¡¿qué se creen?!…

Bueno, ya basta. Vamos a entrar en razón. Con respecto a los ridículos tapetitos con dizque cloro en la entrada de cada establecimiento: lo único que logran es que la clientela de un par de saltitos graciosos como un gato en su caja de arena. Imagínense la cantidad de veces al día que tendrías que cambiar ese líquido para que el dichoso tapete sirva de algo.

Hagan ustedes la cuenta: ¿Cuántos tapetes sanitizantes se han encontrado hoy absolutamente secos? Luego te recibe una persona que, en el mejor de los casos, con capacidades indeterminadas con una pistolita pedorra de plástico descalibrada que no saben usar y, más que definitivamente tampoco saben interpretar, a tomarte la temperatura corporal en la mano. ¡Me tiro por la ventana!

Luego de que tu mano registra 35 grados centígrados y sin siquiera ver el resultado del termómetro (el pitido es más que suficiente), la persona te acerca su bote de dos litros de glicerina con un poquito de aroma a alcohol que lo único que logra es dejarte las manos bien cochambrosas para atrapar la mayor cantidad de virus posible en el establecimiento donde tocas absolutamente todo lo que te encuentras, al cabo que mientras vayas bien embozado, vas bien protegido. Error.

A sabiendas que las “medidas sanitarias” no son tan sanitarias como las han
promovido, imagínense lo afortunados que hemos sido los que seguimos en este mundo. Quienes no hemos enfermado conocemos a alguien que ha enfermado o ha fallecido. Este virus no es un chiste ni es un invento. Sin embargo todo hay que ponerlo en su justa proporción y ya va siendo fecha que como sociedad hagamos un examen de conciencia.

Darnos cuenta que hemos cedido el control para hacerle la vida más llevadera a un grupito de gente autoritaria muy ruidosa no es fácil y revertir el daño todavía menos. Vamos a tener que aceptar que nos ganaron con la obligatoriedad del cubrebocas.

Ahora van por la obligatoriedad de las vacunas. Es aberrante y necesitamos dar un golpe de timón. Entre la crisis económica y el encierro al que nos forzaron en esta pandemia se nos hizo fácil ceder el control y, en un abrir y cerrar de ojos, nos terminó dominando la visión nosofóbica, histérica y restrictiva de quienes no lograron un desarrollo emocional satisfactorio.

Quienes creemos en las libertades, en el disfrute de la vida en armonía con la sociedad y la naturaleza tenemos un panorama difícil. ¿Permitiremos que la retórica del terror siga avanzando? ¿Cómo vamos a recuperar los derechos que ya perdimos? ¿Quién carajos cree en realidad que puede llegar a existir una “nueva normalidad”? ¿Seguimos teniendo soberanía sobre nuestros propios cuerpos o nos tenemos que aislar para siempre?

En 1993, Sylvester Stallone protagonizó una película distópica llamada «Demolition Man«. Nunca pensé que llegaríamos a ser esa misma distopía. La era del estrechado de manos a distancia. “Be well, John Spartan”. El contacto físico abolido por miedo a contraer una enfermedad infecciosa (nosofobia) ¡Hasta el sexo es virtual!

Pero hay un sector de gente que todavía está en sus cabales. Gente que está
consciente de que vivir es dañino para la salud y que aún así la vida es un regalo que no ha de ser desperdiciado acobardándose ante los embates de la vida y la naturaleza.

Viva y deje morir.

Colaboración de: Rafael Reyes Guajardo @rafitarg

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