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Regiopositor.

Ayer, en lo que puse a exportar una boda, me metí a twitter a mirujear qué había pasado en el día y me topé con una encuesta que hizo un tuitero regio. El ejercicio es honesto y legítimo. Dice así: “A 3 años de Gobierno de AMLO en México, ¿Cómo considera usted su desempeño?”, seguido de 4 opciones (excelente, bueno, malo o pésimo) y el hashtag #LosLeo.

Como si no me fuera suficientemente ameno el estrés cotidiano de la vida real, me metí a ver los comentarios antes de dejar mi propia participación que aquí voy a permitirme extender. ¿Cómo considero el desempeño del presidente?        – Excelente.

¿Por qué?
– Porque ha cumplido la mayoría de sus compromisos de campaña. Porque el ejército ya no reprime al pueblo. Porque ya no hay más casos como Ayotzinapa, Tanhuato, Nochixtlán, Allende, etc.

Considero como excelente su administración porque ha sabido (como la mayoría de los líderes sensatos de Latinoamérica) guardar buenas finanzas públicas. Porque logró que buena parte del dinero que se le arrebató a la nación se regresara. No se nos olvide que gracias a eso tuvimos la suficiente cantidad de ventiladores artificiales para sobrellevar el embate de la primera ola de la pandemia de 2019.

Es excelente porque fuimos uno de los primeros países en el mundo en tener aseguradas las vacunas suficientes (sin pedir deuda) para toda su población. Excelente porque gracias a las intervenciones de presidencia se ha logrado salvar vidas humanas, a través -por ejemplo- de la dura decisión de tener que dejar ir a un conocido delincuente para evitar la masacre de cientos de inocentes, a costa del altísimo precio político que ese acto de humanidad representó. Excelente por la espléndida relación que lleva con los líderes mundiales, que ha regresado a México a la dignidad de la doctrina Estrada.

Estos últimos tres años hemos visto la destrucción consciente de las estructuras podridas del poder. Era (y siguen siendo) responsabilidad de todos nosotros velar por que lo nuevo no se eche a perder. Hasta el momento, la estrategia de la oposición ha sido la de la mentira, la tergiversación, el escándalo creado y la irracional apuesta a la despolitización de la gente.

En nadie ha funcionado tanto esta vulgar estrategia como en el regiopositor. Ya, de por sí, teníamos el lastre de ser conocidos por tener el deshonroso primer lugar nacional en violencia contra la mujer. Somos la entidad que votó por Samuel García (un muchacho de 33 años, privilegiado, prepotente y machista) para gobernador; dejando en segundo lugar al priísta Adrián de la Garza y en tercer lugar al panista Larrazábal.

No tenemos autoridad moral. Algo salió mal en el mundo académico estas últimas décadas porque Nuevo León tiene a varias generaciones de profesionistas adoctrinados en el corporativismo. Acá en Nuevo León, la mayoría de la gente sí se cree las mentiras que se dicen sobre la administración porque lograron, a través de la educación, la cultura y el orgullo regional, «desclasarlos».

Va siendo hora de preguntarnos si, a través del bombardeo diario de propaganda opositora, no nos habremos convertido en las focas aplaudidoras que tanto detestamos. Focas aplaudidoras pero para el equipo perdedor. El que está en contra de los derechos; a favor del “crecimiento macroeconómico” pero en contra del desarrollo social. Gente «desclasada», vaya.

Las necedades que presentan están de risa. Necedades como: “pérdidas de empleo, baja en la economía e inversión incluso antes de la pandemia”, sin tomar en cuenta que fueron los neoliberales que tanto defienden quienes dejaron el país en llamas.

Luego me pone la gráfica de los homicidios donde claramente se señala que va a la baja y lo retuerce para que encaje en su pestilente visión de la vida, engañando así, a muchos incautos que le creen sólo por tener cierto número de seguidores.

A eso me refiero con elevar el debate. Dejar la pataleta para convertirse en opositores respetables. No se dan cuenta (o prefieren no verlo) que la gente que defiende su visión sobre la política es nauseabunda o (algunos) de plano criminales.

Habrá que hacer un desglose de las responsabilidades en este proceso de despolitización que tomó por asalto a todo un pueblo. Habrá que reconocer que hay un serio problema con la defensa de la retórica fascista que, en otras partes del país parece chiste de mal gusto, pero que aquí es el pan de cada día. Habrá que reeducar a toda una generación para hacerles ver que con la política se vela por el prójimo y no por uno mismo.

¡Gracias!

Colaboración de: Rafita Reyes Guajardo @rafitarg

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