Escasez de fertilizantes: simulacro de una crisis alimentaria o hambruna planificada.

El día de ayer, unas 6500 personas recibieron la orden de evacuar sus hogares en Winston-Salem, Carolina del Norte, cuando estalló un incendio durante la noche en una planta de fertilizantes que, según el jefe de bomberos de Winston-Salem, Trey Mayo, contenía «unas 5000 toneladas de fertilizante terminado».

Tomada aisladamente, esta noticia no sería muy alarmante en términos de su impacto en la producción de alimentos en los Estados Unidos, ya que los incendios en las plantas de fertilizantes ocurren de vez en cuando y no son tan raros. El enfoque principal de esta noticia que se informa en los medios corporativos es la seguridad de las personas cercanas al incendio, como debe ser.

Pero cuando uno considera el hecho de que EE. UU. todavía importa una parte significativa de su fertilizante de China –que dejó de exportar fosfato al país norteamericano en septiembre del año pasado para supuestamente priorizar el mercado interno– y que el cloruro de potasio proviene principalmente de Saskatchewan, Canadá –donde los camioneros protestan en contra del pase sanitario impuesto por el gobierno canadiense a este gremio, con poco o ningún tráfico comercial entre ambas naciones– la sospecha de que la especulación alimentaria sea el problema de fondo en la cada vez más pronunciada escasez de fertilizantes, se incrementa.

Además de lo anterior, muchas organizaciones estatales de productores de maíz, trigo y soya enviaron una carta a la segunda empresa de fertilizantes más grande de Estados Unidos en diciembre pasado quejándose de que las «barreras arancelarias» les impedían comprar fertilizantes provenientes de Bielorrusia, Rusia o Marruecos. Situación que podría acentuar esta crisis alimentaria en el mediano y largo plazo, no sólo en Estados Unidos, sino en todas las economías dependientes de la nación norteamericana.

Cuando se fundó Estados Unidos en 1776, aproximadamente el 90% de la población estaba empleada en la agricultura. Cuando Abraham Lincoln se convirtió en presidente en 1861, ese número había caído por debajo del 50%. En la actualidad, menos del 1% de la población estadounidense está empleada en la agricultura, y sólo unas pocas empresas controlan el suministro de alimentos, en Estados Unidos y en todo el mundo.

El sistema agrícola estadounidense depende en gran medida de la tecnología hoy en día, ya que la producción masiva de alimentos ha causado un gran agotamiento de el suelo, que hoy depende de los fertilizantes para cultivar: sin fertilizantes no hay cultivos y sin cultivos no hay alimentos.

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