El pueblo no ha despertado, artículo 39 constitucional.

«La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno».

Dice así el artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, al menos en papel, el pueblo tiene todo el poder para modificar la forma del gobierno que nos representa es decir; el pueblo es el del poder.

En la práctica lo que vemos es que el artículo 39 de la Constitución se disuelve al delegar esa premisa a los Poderes de la Unión, a un sistema electoral incompetente, caro, protagonista y por supuesto a los partidos políticos que únicamente se sirven del pueblo para llegar al poder y convertirse en negocios electorales.

Con la elección del 2018 y la llegada de un nuevo régimen se decía que el pueblo despertó al acumular más de 30 millones de votos para el candidato ganador de la elección presidencial, es real que se trata de el presidente con más votos a su favor en la historia de México, pero también es real que 30 millones de votos no representan la mayoría del padrón electoral.

Para el año 2018, estaban inscritos 89 millones 332 mil 059 mexicanos en la base de datos, de los cuales el presidente actual se llevó 30 millones 113 mil 483 votos, democráticamente electo, de eso no hay duda, sin embargo no todo es del color como lo pintan y eso de que «el pueblo despertó» es tan solo un eslogan para ponerle más azúcar al café y no sepa tan amargo.

Tomando en cuenta las cifras de los resultados electorales de ese año, no podemos afirmar que el pueblo despertó, simple y sencillamente por que la realidad dista mucho de esa campaña triunfadora, el pueblo sigue dormido, dividido, incluso un alto porcentaje del mismo sigue en modo apático, no participa en elecciones ni en consultas populares, simplemente no le interesa, no simpatiza con ningún ente político.

El pueblo sigue dormido, quizás abrió los ojos pero sigue inerte en su lugar de descanso, opositores y no opositores siguen soñando, siguen de espectadores viendo pasar los días, nadie es capaz de alzar la voz y empezar a exigir que se haga valer la ley incluso no la conocen. La única lucha «del pueblo bueno y el pueblo malo», se da a través de redes sociales, fanáticos de ambos bandos se pasan los días haciendo tendencias a favor y en contra del presidente o de los gobernantes en turno, están convencidos de que su smartphone es el arma más poderosa para llevar a cabo la tarea titánica de convencer al pueblo de que tome las riendas de su responsabilidad y se integre a la vida política del país, y no precisamente para que abra una cuenta de redes sociales y se sume  a la dinámica tóxica de defender al presidente, al partido del presidente, a la corbata del presidente, a los zapatos del presidente, a los hijos del presidente, responder a los ataques de comunicadores idiotas, de calumniadores profesionales, de ciudadanos ignorantes, de televisoras y medios de comunicación dedicadas únicamente a desinformar pero fomentando el odio,  que de igual manera utilizan al pueblo -porque también son pueblo- todos aquellos ciudadanos que no simpatizan con el gobierno en turno, aunque se sienten paridos directamente por los españoles.

Entre ese conjunto de ciudadanos también existen personas preocupadas y comprometidas con el entorno, con su ciudad y el país, personas que alzan la voz y a la vez son censuradas por la comunidad que simpatiza con el gobierno en turno, su fanatismo e ingenuidad no les permite analizar y pensar que el hecho de citar la Constitución es para favorecer al pueblo en su conjunto. La gran paradoja es que precisamente el presidente actual nos enseñó por más de 20 años a hacernos valer a través de la soberanía que nos otorga la Constitución y al día de hoy «no debemos» de exigirle que la haga valer porque seguramente los adversarios le llamarán dictador, así lo dice el pueblo bueno que despertó, pero ¿de qué despertó?

Vamos a la mitad del camino -como se titula el libro más reciente del presidente- y en este tiempo hemos visto que se han ido cumpliendo las promesas de campaña que ofreció cuando era candidato el ahora presidente, que bien, de hecho para eso salimos a ejercer nuestro voto poco más de 30 millones de mexicanos, entiendo que fue por convicción, por que el proyecto se adecuó a lo que esperábamos la mayoría -la mayoría que votó- sin embargo no es suficiente.

Desafortunadamente para los ciudadanos que esperamos cambios mayores somos blanco de esa masa de fanáticos que se pasan los días en la defensa de sus ídolos ya sean a favor o en contra del gobierno en turno, no se dan cuenta que con su ceguera fomentan la división, el descontento y la antipatía de los ciudadanos que simpatizan y de los que no simpatizan con la coalición que gobierna y ostenta la mayoría.

En todo caso la mayoría de los mexicanos está ausente de la política, no conocen sus derechos y obligaciones, no saben en donde están parados ni saben hacia dónde van, califican o descalifican actores políticos de acuerdo a lo que siente la tripa y no por el hecho de haber realizado un análisis exhaustivo sobre el trabajo, la historia y los resultados que se pueden obtener para el futuro del país.

A tres años de haber alcanzado el triunfo y en el año de Ricardo Flores Magón, la censura está a tope, todo aquel que se atreve a cuestionar al poder -poder que delegó el pueblo- es inmediatamente censurado por el mismo pueblo que se siente dueño de la verdad, de la ideología, incluso del poder mismo.

Los sumisos, los mansos, los indiferentes, los sufridos, los resignados, son la masa, la muchedumbre que con su pasividad, su modorra y falta de carácter hace lento y doloroso el avance de las sociedades».

Frase de Ricardo Flores Magón.

Ante estos grupos de ciudadanos dedicados únicamente a velar por que propios y extraños se expresen bien, no cuestionen pero sobre todo no exijan nada al presidente, los demás ciudadanos estamos perdiendo la oportunidad de generar las condiciones adecuadas para que se den cambios radicales de esos que nos enseñó el periodista independiente Flores Magón -como le llaman algunos ya que así lo vieron en televisión- no se dan cuenta que se trata de utilizar la única verdadera herramienta que tenemos, la Constitución.

Han pasado tres años, pasarán otros tres y seguiremos de espectadores presenciando el show mediático que generan los medios de comunicación basura y las mañaneras del presidente, que se supone sería un espacio para informar y que la prensa conociera de primera mano todo lo que acontece con las actividades propias del gobierno, es una lástima en lo que se ha convertido ese espacio.

Solo espero que cuando pase el tiempo no haya sido en vano, pero sobre todo que no caigamos en la realidad de que el poder solo cambió de manos, de color, de «ideología», pero que al final y a pesar de que se cumplieron las promesas del presidente que ofreció cuando era candidato, sigamos esperando el verdadero cambio, lo peor es pensar que el artículo 39 es solo un número en ese librito que se llama Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ese que les causa malestar y aberración cuando se cita para hacer valer su contenido por el bien de todos. Imposible hablar de llevar a la realidad un ¡nuevo constituyente! el pueblo bueno y el pueblo malo en automático se pone al servicio del país vecino, qué tal que se enojen los güeros…

El pueblo no ha despertado únicamente aprendió a utilizar un smartphone y una cuenta en redes sociales.

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